MORENA SE QUEDÓ SIN DISTRACTORES Y AHORA USA A EPSTEIN CONTRA SALINAS PLIEGO

El intento de vincular a Ricardo Salinas Pliego con los archivos de Jeffrey Epstein no surge por casualidad ni por interés genuino en la verdad. Surge por necesidad política. Morena se quedó sin su principal distractor y ahora improvisa.

Durante años, el conflicto fiscal con Grupo Salinas fue utilizado como herramienta propagandística. Permitía señalar a un “deudor”, construir un enemigo conveniente y desviar la conversación de los malos resultados del gobierno. Ese capítulo se cerró. Salinas pagó lo acordado, los litigios terminaron y el discurso se cayó.

Con el tema fiscal agotado, Morena necesitó otro ruido. Y lo encontró en un expediente viejo, incompleto y deliberadamente sacado de contexto: los archivos de Epstein.

La maniobra es clara

Las imágenes que hoy circulan no son invitaciones de Jeffrey Epstein. Son correos enviados por John Brockman, organizador de cenas privadas de alto perfil a las que asistían empresarios, científicos y figuras públicas internacionales. Brockman era el anfitrión. El evento era conocido. Epstein no convocaba.

Ese dato se oculta porque rompe la narrativa.

Morena hace lo de siempre: toma un documento real, elimina el contexto, cambia el rol de los involucrados y deja que la insinuación haga el trabajo sucio. No hay acusación directa porque no hay sustento. Todo se basa en sugerir.

¿Qué hay realmente en los archivos?

Salinas Pliego aparece mencionado en correos y listas de invitados, siempre acompañado de su esposa, como ocurre con decenas de personas más. No hay señalamientos judiciales, no hay testimonios, no hay investigaciones, no hay imputaciones. Lo más relevante que aparece son comentarios irrelevantes: que Epstein dice conocerlo, que tiene una isla, que su esposa es atractiva.

Eso es todo.

Convertir eso en un escándalo no es periodismo ni investigación. Es propaganda de emergencia.

El problema de fondo

Morena ya no puede usar el SAT como garrote mediático. Ya no puede gritar “deudor”. Ya no puede simular justicia fiscal. Y cuando un gobierno pierde su distractor favorito, entra en fase de desesperación.

Por eso recurre a archivos viejos.
Por eso recicla fotos legítimas como si fueran evidencia.
Por eso empuja insinuaciones en lugar de hechos.

No es que hayan encontrado algo nuevo. Es que no tienen nada más.

Conclusión

El intento de usar los archivos de Epstein no dice nada sobre Ricardo Salinas Pliego. Dice mucho sobre el estado del oficialismo: un gobierno sin resultados, sin relato y sin enemigo funcional, que ahora improvisa escándalos para llenar el vacío.

Cuando el distractor fiscal se acabó, Morena salió a buscar otro.
Lo encontró en el lodo.
Y aun así, no le alcanzó.

Por admin

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