México se encuentra entre los países donde los ciudadanos enfrentan una carga fiscal significativa al considerar impuestos directos e indirectos. Entre el Impuesto Sobre la Renta (ISR), el Impuesto al Valor Agregado (IVA), tenencias, derechos y otras contribuciones, una parte relevante del ingreso de personas y empresas se destina al pago de impuestos. Sin embargo, esta recaudación no se refleja de manera proporcional en la calidad de los servicios públicos.
Uno de los ejemplos más recurrentes es el sistema de salud. Usuarios del Instituto Mexicano del Seguro Social y de otros servicios públicos reportan de manera constante la falta de medicamentos, carencias de equipo médico y saturación en hospitales. Estas deficiencias impactan directamente en la atención a los pacientes y evidencian problemas estructurales en la administración de los recursos.
La infraestructura urbana es otro foco de inconformidad. Calles en mal estado, baches persistentes y obras públicas inconclusas o mal ejecutadas forman parte del entorno cotidiano en numerosas ciudades del país. A ello se suman fallas en sistemas de transporte público y accidentes asociados a la falta de mantenimiento y supervisión, lo que ha generado preocupación social y cuestionamientos sobre la planeación gubernamental.
El contraste entre una recaudación elevada y resultados limitados ha abierto un debate público sobre la eficiencia del gasto. Mientras el Estado mantiene una política estricta de cobro y fiscalización, amplios sectores de la población perciben que los servicios recibidos no corresponden al nivel de contribución exigido.
Especialistas coinciden en que el problema no radica únicamente en la existencia de impuestos, sino en la falta de transparencia, planeación y rendición de cuentas en el uso de los recursos públicos. La exigencia ciudadana apunta a una mayor congruencia: que el pago de impuestos se traduzca en servicios de salud funcionales, infraestructura segura y condiciones básicas de bienestar.
En tanto esta brecha persista, el descontento social continuará creciendo. Para millones de contribuyentes, la discusión ya no es cuánto se paga, sino por qué los resultados siguen siendo insuficientes frente al esfuerzo fiscal que se les exige.

